La persecución, resistencia, autonomía, goce y juntanza son algunos de los muchos aspectos con los que miles de feministas se identifican y han fortalecido la lucha colectiva.


¿Cuál es la primera imagen que se te viene a la mente cuando escuchas sobre brujas? Quizá un montón de mujeres, en un círculo, haciendo hechizos, con una gran olla negra, perseguidas por grupos religiosos y de poder. ¿Te suena familiar?. Quizá nos recuerda a las feministas exigiendo sus derechos siendo perseguides por la policía ; o a abortistas acompañando a sus amigues a decidir sobre sus cuerpos.
Las brujas fueron perseguidas por ser generadoras de conocimientos, por guardar saberes ancestrales, por desafiar lo que el patriarcado decía que una mujer debía ser. Tenían y compartían muchos conocimientos sobre plantas, fertilidad, sexualidad y aborto. Su cacería, más allá de las creencias religiosas, comienza cuando se quiere instaurar un nuevo orden social y económico, donde el capital necesitaba a las mujeres en sus casas ejerciendo roles gratuitos de cuidado mientras los hombres trabajaban. Este sistema pretendía que el cuerpo y la sexualidad de las mujeres quedarán bajo el control de los hombres y el Estado.
Catalina Ruiz Navarro, socióloga y activista, menciona que la brujería es una de las formas que llamamos, a veces despectivamente, a prácticas espirituales que siempre han tenido las mujeres y las disidencias. Gracias a la brujería han sobrevivido ritos y prácticas que conectan a las mujeres y disidencias. En fin, la brujería siempre ha sido una práctica espiritual de las resistencias y de las personas que no están en el poder. Y tú, ¿te identificas con los aquelarres de brujas?