Lactancia materna obligatoria: fórmula para la ansiedad

Las personas gestantes se enfrentan a expectativas, miedos e imaginarios que les quitan agencia sobre sus cuerpos y sus decisiones sobre cómo maternar. Esta es la reflexión de una madre que se enfrentó a la imposición de la lactancia materna obligatoria.

Acaba de nacer mi bebé. Se pega a mi teta día y noche. Tomo caldo, agua, electrolitos, como y duermo lo que puedo. El bebé succiona con fuerza y llora con fuerza. En el primer control pediátrico va bien. Ha bajado un poco de peso, pero dentro del rango normal. Luego de ver en su segundo control pediátrico, a los 11 días de nacido, que algo no va bien y ver su piel más arrugadita que de costumbre, encontramos que pesa un 30% menos que al nacer. La pediatra no me hace hospitalizarlo porque no está enfermo, pero tenemos que empezar a darle fórmula y a hacer canguro para que recupere su peso. 

El bebé se recupera bien. Lo sigo lactando hasta el quinto mes, con las gotas que produzco a punta de extractor, de pegármelo en cada toma, de pastillas galactogogas y tés que me recomiendan y con los cuales solo produzco una onza al día. Me sumerjo en la culpa de ser una “mala madre”: ¿Por qué me sale tan poquita leche? ¿Por qué escuché las voces que imponen la lactancia materna exclusiva como único camino posible? ¿Por qué no escuché mi instinto y las historias de mi familia de una mamá y una abuela que no producían suficiente leche para alimentar a sus bebés? ¿Por qué no complementé con fórmula a mi recién nacido? 

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Los derechos a decidir si queremos o no tener bebés, el número de bebés y el tiempo en el cual queremos tenerles hacen parte de nuestros derechos reproductivos, que están consagrados en los instrumentos del derecho internacional de los derechos humanos. A nivel nacional, los derechos reproductivos también han sido reconocidos, aunque sabemos que el recorrido para su efectiva implementación todavía es largo. De hecho, la sentencia C–055 de 2022 de la Corte Constitucional amplió la despenalización del aborto en Colombia hasta la semana 24 sin necesidad de las causales previamente despenalizadas por la sentencia C–355 de 2006. Pese a los grandes avances legales y médicos en la materia, los derechos que tenemos a decidir sobre nuestros cuerpos se ven seriamente limitados en el momento en el cual el/la bebé nace, y la sociedad entera genera unas imposiciones que no dan espacio a nuestra autonomía al maternar. La lactancia es una de ellas.